Larga vida al corto: soluciones para jóvenes realizadores


Lorena Morales
El advenimiento de la época digital ha revolucionado el mundo del vídeo. La reducción de los costes de la videocámara unido al aumento exponencial de su calidad de imagen y al precio asequible de los sistemas informáticos de postproducción han democratizado completamente el sector de la producción audiovisual. Muchos jóvenes creadores dan sus primeros pasos con películas que oscilan entre uno y treinta minutos, los conocidos cortometrajes. Probablemente el cortometraje más famoso de la historia sea "Un perro andaluz", escrito y dirigido por dos jóvenes que por entonces aún no habían alcanzado la fama: Luis Buñuel y Salvador Dalí. Ahora que los límites de la creatividad han desaparecido, las claves para empezar un buen proyecto son acertar con buenas ideas y conseguir algo de dinero para llevarlo a cabo. El formato más conveniente para primeros directores es el vídeo (DV). El hecho de trabajar con formatos domésticos en vez de hacerlo con cine no significa que nuestra producción no pueda adoptar una estructura eminentemente profesional. Dependiendo de las características del proyecto y del presupuesto disponible, será posible seguir en mayor o en menor grado un planteamiento profesional.

¿Cómo conseguir la financiación?
Por modesto que sea el proyecto, siempre cuesta dinero. Y si obtener dinero para una producción audiovisual es ya de por sí difícil, la situación se complica cuando el producto a desarrollar es un cortometraje. La idea de que éstos son producidos por autores noveles y la dificultad de su distribución comercial, a menudo generan prejuicios negativos para los inversores. Sin embargo, existen diversas subvenciones y vías para financiar tu proyecto. Preparar una exposición atractiva del cortometraje, transmitir seguridad y pasión por el proyecto, son factores que pueden ayudar a una negociación exitosa.

Muchachito Bombo Infierno divierte “muchachitos” y “no tan muchachitos”


Lorena Morales
Tarragona


La música festiva de Jairo Perea o Muchachito Bombo Infierno animó sin pausa durante más de 3 horas a más de 5000 personas en el Palau Firal de Tarragona. Un espectáculo sin desperdicio que recogía un repertorio musical de Swing, rumba, reggae, bossa, mambo y tumbao (sumando el toque canalla de Muchachito) con su banda compuesta por ocho músicos más. Un festejo de trombones, saxofones, piano, contrabajo, batería y la guitarra española del cantante. Tan sólo iniciar el concierto destacaron dos elementos originales: una tela en blanco tras el grupo y un joven vestido con un mono de pintor que está a punto de empezar su obra. El barullo de la gente se convierte en atención por parte del público, radian los focos azules y amarillos, empieza a sonar la banda y Muchachito da paso a la primera canción “La Noche”. El joven del mono esboza las primeras pinceladas de pintura plástica mientras salta con cada acorde de guitarra. Parece que por fin empieza la función que seduce a un público variado de diferentes edades.


Tras una hora ajetreada, la banda se empieza a despedir pero el público silva sin parar, sin duda, no podía acabar hasta que el dibujo estuviera finalizado. En la tela se distingue la figura de Muchachito con su peculiar sombrero negro en un barrio nocturno y “bohemio”. La segunda parte empezó únicamente con Jairo Perea en el escenario (tal vez recordando sus inicios en la música cuando mostraba su obra al mundo tocando por las calles sus propias invenciones). Su lado más infantil también salió a la luz con canciones como “Quiero ser como tú” del Libro de la Selva. También desveló su arte con la guitarra y la armónica a la vez. Con la canción de “Mala vida”, que rinde homenaje al icono de la antiglobalización Manu Chao, se suma la banda al concierto que durará dos horas más. La canción crea clamor entre el público que continúa eufórico con “Será mejor”. Durante la noche también sonaron sus temas más esperados “Yo quiero amarte, como la nata al chocolate” y “Ojalá no te hubiera conocido nunca”. El público disfrutó con un tema de temporada “Carnaval te quiero” y con otro íntegramente instrumental de la Pantera Rosa. La última excentridad de la noche fue cuando el pintor acabó el dibujo sobre la tela: dejó la brocha y agarró el micrófono para cantar sin complejos una canción con pinceladas de flamenco.

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